«El payaso es un oficio, pero también un estado del espíritu»

Annie Fratellini

 

Clown Terapéutico

Desde mi experiencia lo más terapéutico del clown es la aceptación de nosotros mismos en su totalidad, comprendiendo que somos seres con dones, habilidades y una serie de aspectos positivos que nos conforman como individuos, sin embargo, también somos seres con sombras y defectos. El clown es una invitación a abrazar esas sombras para convertirnos en individuos más integrales. Carl Jung dice: “lo que niegas te somete lo que aceptas te transforma. Mientras más seamos capaces de aceptar nuestra parte más ridícula más amor incondicional tendremos para nosotros mismos

Para dar vida a nuestro clown debemos dejar de lado nuestro yo adulto, esa máscara social que hemos construido con la única razón de mantener las apariencias. El clown es terapéutico porque nos permite conectarnos con la espontaneidad, nos da luz verde para volver a jugar como niños y eliminar los bloqueos internos que no nos permiten expresarnos libremente. Este proceso implica tomar distancia de nuestros conflictos para poder manejarlos de otra forma, verlos desde una perspectiva más positiva: desde el humor.

También resulta terapéutico ya que implica recuperar el asombro de las cosas cotidianas, sin prejuicios ni conceptos previos, es ver el mundo por primera vez, así como lo hace un niño, con curiosidad de experimentar todo. Nuestro clown nos trasforma en seres hambrientos de nuevas experiencias, sin prejuicios ni ideas preconcebidas de la vida. También nos permite vivir el aquí y el ahora, presentes a cada instante, cultivando la atención plena en lo que está sucediendo, dejando el futuro y el pasado ahí donde tienen que estar: en el inalcanzable fluir del tiempo.

Sin duda la capacidad de conectar con nuestro niño interior es uno de los beneficios tácitos de descubrir a nuestro clown interior. Todos tenemos un niño interno que clama por nuestra atención y quiere ser consolado de las heridas emocionales que nos acompañan desde nuestra infancia El clown nos permite reencontrarnos con este niño abandonado, prestarle atención a sus necesidades emocionales y jugar con él dándole la libertad de ser el mismo. Cuando somos pequeños buscamos el amor incondicional de nuestros padres, muchas veces en esta búsqueda no obtenemos los resultados esperados llenándonos de un inmenso vacío emocional. Cuando llegamos a la adultez debemos hacernos responsables de este niño herido y encontrar las maneras de darle el amor que nuestros progenitores no supieron darle. Es aquí donde el clown toma protagonismo ya que es un medio idóneo y un camino amoroso para poder conectar desde el juego, la risa y la diversión con este pequeño yo que espera por nosotros.

En conclusión, el clown nos invita a soltar las creencias preconcebidas, a volver a jugar como niños, a quitarnos las máscaras y a dejar aflorar nuestra creatividad, esta liberación interna muchas veces viene también con un poco de locura. A medida que crecemos nos reconocemos con roles impuestos impartidos por el sistema y nuestros padres, nos identificamos con estos roles, nos ponemos la máscara, nos creemos que somos nuestro ego, edificamos muros, construimos corazas emocionales y nos olvidamos de que fuimos niños. El clown una vez más es una invitación a que el niño que todos llevamos dentro se exprese libremente sin tabúes, sin límites sin restricciones.

 

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